Era otro día en Agrabah, y Jazmín lo sabía, pero aun así recorría su jardín esperando la salida de Aladdin de otra reunión con su padre, quizás lo estaba preparando para el inevitable día, quizás esperaba más acción conyuga para traer un heredero varón y así saltarse la sucesión, pero sin dudas todo aquello la molestaba, pues no le gustaba que su padre se estuviese entrometiendo en su vida, pero sabía que no podía detenerlo, así que simplemente esperaba.

 

El genio apareció con mucha alegría, pero al ver a Jazmín deprimida, este rápidamente cambio su rostro por uno más compresivo pues no sabía lo que estaba pasando y pregunto: ¿Estas bien?

 

—No mucho — respondió Jazmín.

 

—¿Qué pasa? — pregunto el genio con amabilidad.

 

—Mi padre está teniendo otra reunión con Aladdin.

 

—¡¿OTRA VEZ?! —

 

—Sí, otra vez —

 

—¿Tú crees que sea por lo de tu futuro? — pregunto el genio con mucho tacto, pues sabía que esos temas son delicados.

 

—Es posible — respondió Jazmín.

 

—Tranquila Jaz, no hay nada que Al no puede resolver — proclamo el genio.

 

—Lo sé, pero ya han pasado dos años desde que nos casamos y mi padre aun no ve el resultado  — puntualizo Jazmín tocándose el vientre.

 

—Sabes Jaz, yo por lo general no hago este tipo de pregunta, pero: ¿está lista para ser madre?

 

—No lo sé — respondió Jaz cabizbaja.

 

El genio mentalmente se regañó por mencionar un tema que era muy delicado, pero era la única forma de saber realmente como estaba su amiga, por lo tanto se le ocurrió una forma de ayudarla.

 

—¿Quieres que espié a Al y tu padre? — pregunto el genio.

 

Ella iba a decir que no, pero la duda salto rápidamente en su mente ella quería sin dudas salir de sospecha y confirma su teoría y aunque no le gustara la idea ella soltó un dudoso: Si.  El genio simplemente desapareció dejándola sola otra vez con sus pensamientos.

 

Ella en el fondo deseaba que nada de esto estuviese pasando, ella quería que todo fuera normal y no era sometida a tanta presión, pero aparentemente eso era lo que tenía. Fue entonces que se le ocurrió ir al pueblo, quizás allí encontraría una respuesta a su predicamento desde luego teniendo cuidado, pues no tenia a nadie que la salvase de una cortada de mano.

 

El pueblo de Agrabah, no era el mejor de mundo, ni por asomo, desigualdad y caos era lo  que se respiraba entre su callejones de arena y casa en ruinas y aun así la gente vivía ahí, pues era el único lugar que conocían desde hacía generaciones, y aunque Jazmín lo sabía, no podía ver a su pueblo sumido en la miseria y nuevamente deseaba ser sultana para cambiar las cosas, pero recordó el detalle que la había llevado aquel lugar en primer lugar y tuvo que ignorar de nuevos sus deseos.  No fue hasta que un niño impacto contra sus piernas sacándola de sus pensamientos.

 

—Disculpe señora, no la vi — expreso el niño nervioso.

 

—Tranquilo, no pasa nada — respondió Jazmín.

 

El niño continuo su camino, pues sabía lo que le iba a pasar si no seguía corriendo, lo cual extraño a la mujer, pero justo en ese instante tres señores con machetes en manos iban tras el niño, Jazmín seguidamente supo lo que había hecho el infante y por eso quiso ignorarlo pues conocía el código de Hammurabi y por poco no se la aplican a ella también, sino fuera por Aladdin.  Por ello trataba de ignorarlo, pero mientras más trataba más injusto le parecía que un niño tenga que pagar con su mano, por ello se unió a la persecución.

 

A los pocos metros de la persecución, Jazmín pudo sentir un olor agradable, pero a la vez raro, ya que era una mezcla de varios ingredientes que ella no podía identificar y mientras más se iba acercando el olor era cada vez más fuerte y cuando llego a un callejón sin salida el niño dijo: Por favor, téngame clemencia.

 

—¡NOS ROBASTE! — exclamo el primer señor.

 

—Y SABES QUE SIGNIFICA — agrego el segundo señor alzando su machete.

 

—Pero yo tengo hambre y no tengo dinero — expreso el niño tratando de apelar a la decisión de los señores.

 

—ROBO ES ROBO — grito el tercer señor también alzando su machete; —Sabes cómo se castiga — añadió.

 

El niño estaba a punto de llorar pues sabía muy bien el castigo que se le iba aplicar, seguramente perdería la mano para siempre, pero de repente una señora interrumpe todo.

 

—¡ESPEREN! — grito Jazmín.

 

—¿Quién eres? — pregunto el primer señor.

 

—Les ruego que dejen al pobre niño —

 

—Él nos ha robado y tiene que pagar por lo que hizo —

 

—Lo entiendo —expreso primeramente Jazmín— pero él solo es un niño —

 

—NOS IMPORTA UN DEMONIO, EL TIENE QUE PAGAR — grito el segundo señor.

 

—NO LO HAGAN —

 

—¿Por qué? — pregunto el tercer señor.

 

—Porque yo tomare su lugar —

 

Los tres señores abrieron su boca en asombro y el niño solo le agradecía por tal gesto, pero entonces unos de los señores pregunta: ¿Por qué harías algo así?

 

—Vuelvo y repito, él es un niño y los niños no merecen eso —

 

—¿En serio quieres perder tu mano por un niño desconocido? —

 

—Si — respondió Jazmín.

 

—¿Estas completamente segura? — pregunto uno de los señores.

 

Completamente — Respondió Jazmín cerrando los ojos y alzando su mano.

 

—¿Estas segura de hacer eso? —Pregunto alguien más— ¿Aun así sea injusto? —

 

Jazmín genuinamente quería dudar de su decisión, pues está arriesgando su integridad física por alguien que no conocía, pero luego recordó que así lo hizo su esposo con ella y ahora más decidida dijo: ¡COMPLETAMENTE SEGURA!

 

Entonces algo la a travesó, mientras del fondo escuchaba una voz decir: ¡Libra despierta!, ¡Libra despierta! ¡DESPIERTA!

 

[…]

 

Jazmín se despertó, sabiendo lo que iba hacer y como lo debía hacer, por lo tanto agarro el bastón que él que había dado y ahora debía complementar su misión. Aun así su visión física pudo salir de su cuarto hacia el pasillo y en este se encontró con todos, pero ella trato de seguir su camino hacia la salida, pero siendo detenida por Aladdin que le pregunto: ¿Qué paso?

 

—Paso lo que tenía que pasar — respondió Jazmín.

 

—Hija, ¿puedes verme? — le cuestiono su padre tratando de tocarla, pero esta lo evade.

 

No me toques — reclamo Jazmín; — Tus manos llenas de sangre no tiene derecho a tocarme — agrego.

 

—¿Qué sangre? — se cuestionó el viejo.

 

—No me hagas hablar de tu crímenes — expreso Jazmín  apuntándole seriamente.

 

—Jaz, él es tu padre — argullo Aladdin.

 

—Lo sé — respondió Jazmín; —Pero el oculta cosa que yo ya he visto y no puedo ignorar, al igual que tú, pero a diferencia de él, tu crímenes son más ligero —

 

—¿Crímenes? — dijo Aladdin nervioso.

 

—No te hagas el tonto amado mío, se todo sobre ti y por lo que has tenido que pasar y por ello dejo que me toques, pero él tiene tanta sangre en sus manos que no soy capaz de ignorar — respondió Jaz.

 

—Hija mírame — proclamo el anciano casi al borde de las lágrimas.

 

Jazmin lo miro y aunque sus ojos ya no eran como antes si podía decirse que lo estaba “viendo” a los ojos, ahí ella dijo: Se lo has hecho padre, lo sé todo y por ello no puedes tocarme.

 

—¡Hija mía! — Proclamo el padre tratando de tocar a su hija, pero esta lo evito; —¿Por qué no me dejas tocarte? — pregunto el padre insistiendo en tocar a su niña.

 

—Esa respuesta no te la puedo dar, aunque quisiera, pues no es el deber de una hija juzgar a su padre por más que este hiciera las cosas más terrible y oscura — respondió Jazmín.

 

—Jaz, creo que estas exagerando —

 

—Amado mío, comprendo tu posición y por ello pido que me comprendas ahora en este dilema — Jazmín un tono amable.

 

—Te juro que trato de entender, pero no puedo — explico Aladdin; —Pero lo que trato de entender es como te quedaste ciega — añadió.

 

—Quisiera respóndete esa pregunta, pero eso sería contradecir mi misión, por lo tanto te pido amablemente que me sueltes —

 

—Jaz solo queremos… — dijo el padre intentando tocarla, pero una gran ráfaga de aire lo detuvo y lo empujó hacia atrás.

 

Aladdin quedo impresionado, pero luego fue él quien recibió un ráfaga de aire que al igual que su suegro lo empujó hacia atrás, rápidamente silbo para llamar a su tigre y montarlo como si fuera un caballo hacia el despecho principal del castillo.  Ahí pudo bajarse de su tigre y encontrase con el genio.

 

—¿Por qué se me asigno tan importante misión? —

 

—Aunque pueda ver lo que nadie puede ver, hay secretos que la fuente no comparte conmigo —

 

—No sé cuánto tiempo pueda ocultar tu desaparición del canon —

 

—Tengo entendido que no será mucho tiempo —

 

—Espero que así sea — replico el genio abriendo el portal hacia las tierras de Cenicienta.

 

Jazmín voltea a ver al genio y ahí le dice: Pobre creatura de la creación, comprendo tu dolor y tu sufrimiento, pues no estaba pactado nada de esto, pero si así lo quiso la fuente, así lo hizo.

 

—¡AMEN! — proclamo el genio quien intento no llorar.

 

—Si necesitas llorar, pues no te cuesta nada — dijo Jazmín dándole la mano al genio.

 

—¿Tengo permitido tocarte? — pregunto el genio.

 

—A diferencia de mi padre y de mi amado, tú no me impones nada, solo pregunta, responde y eres sincero, por eso te estoy dando el permiso de tocarme —

 

—GRACIAS — respondió el genio acurrucándose en su hombro para llorar.

 

—¿Cuánto peso llevas tú? — pregunto Jazmin.

 

—Mucho, muchísimo

 

—Déjalo ir —

 

El genio lloro en el hombro de Jazmín por un largo rato y cuando finalmente libero todo, pudo esta en tranquilidad consigo mismo, ahí fue cuando le dijo: Es un honor para mí servirte.

 

—Sabes cuál es tu misión y yo sé cuál es la mía — respondió Jazmín acariciando su rostro, luego atravesó el portal y llego al bosque de Cenicienta y aunque ya no podía ver, no podía decirse que estaba indefensa pues tenía su bastón, aunque sabía que nadie sería tan estúpido para entra en ese bosque y cuando llego al centro se sentó a meditar y a esperar la llegada de sus amigas y compañeras.