A la joven Cenicienta le daba
igual todo aquello, solo quería experimental el momento, pues él y ella estaban
completamente felices y eso era lo único que le importaba. Aquel día no sería la excepción, pues la
mujer tenía grandes planes para aquel día, así que se levantó de la cama y fue
rápidamente a la cocina y aunque su marido trato de detenerla no pudo hacerlo
con eficacia pues este aún seguía en los brazos de Morfeo dejando que su esposa
se escapara.
Cenicienta antes de salir de
la habitación, se colocó su característico vestido de servidumbre y ahora si
podía salir con total tranquilidad pues con esa vestimenta pasaba inadvertida en
aquel castillo y necesitaba esa ventaja para planear lo que haría en su
supuesto primer aniversario y el de su hermanastra.
Al llegar a la cocina todo era
un desastre y la mujer que estaba ahí era una gran evidencia de ello, pues su
cuerpo estaba lleno de harina de trigo y algunos ingredientes que Cenicienta no
podía determinar con la vista, pero ella con clama dijo: Espero que hayas
aprendido algo.
—¡Hasta que por fin llegas! —
proclamo la pelirroja; —Creo que nunca seré buena con esto — añadió.
—Tonterías Anastasia, solo
necesita practica y mucha paciencia — replico Cenicienta agarrando el bol que
tenía Anastasia.
—¿Tú crees? — pregunto
Anastasia.
—Claro — contesto Cenicienta
poniendo el bol en la mesa.
—Pero mírame, estoy echa un
desastre — expreso Anastasia.
—Tranquila Anastasia —comento
Cenicienta— los errores existen para aprender de ellos —
—Voy a cambiarme — declaro
Anastasia triste, pero fue detenida por Cenicienta.
—Yo no dije eso, —asevero
Cenicienta— Yo lo que dije es que con practica se aprende y así lo haremos —
—¡Pero estoy sucia y horrible!
—
Cenicienta volvió agarra el
bol para echárselo encima para ensuciar su cabello y ropa para estar en igual
de condiciones que Anastasia y cuando termino ella dijo: ¡Vamos hay mucho por aprender!
Anastasia quedo anonada por la
acción de Cenicienta y quería replicarle el avance que había tenido, pero sabía
muy bien que aquello era incomestible, así que guardo su protesta para otra
ocasión y se dispuso a seguir a su hermanastra.
Por su lado Cenicienta sentía como su cuerpo estaba lleno de aquella
mezcla homogénea de Anastasia, pero no le dio mucha importancia, lo que
importaba era su hermana.
Anastasia y ella habían limado
aspereza tras los eventos de hace un año, ahora eran más unidas, además
Anastasia era la única que la trataba de tú a tú, pues el resto del personal la
llamaba excelencia o alteza y a veces eso la molestaba. Para Anastasia era algo diferente pues
Cenicienta era la única familia que le quedaba pues su madre y su otra madre no
podía regresar al reino y aun se estaba acostumbrando a su vida de casada.
Tras una larga hora, el pastel
había sido introducido en el horno y por fin Cenicienta y Anastasia podía
descansar sobre todo Cenicienta que estaba agotada mentalmente debido a la
torpeza de su hermana, pero era algo con lo que tendría que lidiar, Anastasia
rompe el silencio y le pregunto: ¿Cómo lo haces?
—¿Cocina? — le devolvió la
pregunta.
—Sí y no, ¿Cómo haces para
tenerme paciencia?
—Primero cocina es fácil con
mucha practica y paciencia y eso último es lo que aplico contigo pues nada hago
en enseñarte con gritos —
—¿Cómo eres tan gentil?—
—Práctica, mucha practica —
Anastasia iba a hacer otra
pregunta hasta que entra a la cocina la encargada de la servidumbre y al ver
ambas mujeres con resto de masa en su ropa, le pregunto: ¿Qué paso aquí?
—Tranquila Prudence es parte del aprendizaje — respondió
Cenicienta.
—¡PRINCESA! — exclamo Prudence
horrorizada.
—¿Ella siempre es así? —
pregunto Anastasia.
—¿Princesa está viendo el
estado en el que se encuentra? —
—Por supuesto, pero como dije
todo es parte del aprendizaje —
A la pobre mujer estaba que le
daba un infarto a ver en esas condiciones a la esposa del príncipe, por lo
tanto decidió irse de lugar en búsqueda de ayuda, Anastasia se extrañó al punto
de preguntar: ¿Qué le pasa?
—Creo que es por mi aspecto —
respondió Cenicienta.
—Si es posible — replico
Anastasia.
—Voy a darme una buena ducha,
¿puedes vigilar el pastel? —
—Claro — respondió Anastasia.
Cenicienta le sonrió
amablemente para salir del de la cocina, pues le pegaba el olor a huevo podrido
y debía bañarse antes de que pasara a mayores, pero antes de seguir su camino,
un olor la atrajo fuertemente, no le parecía conocido a Cenicienta así que
siguió el olor.
—Cenicienta
— llamo una voz femenina muy angelical.
—¿Mary? — se preguntó la mujer
pensando que sería la esposa de Jaq Jaq, pero era imposible que ella estuviera
en el castillo, pues ella y su esposo se había ido de luna de miel, entonces
pensó en su otra amiga ratoncita y mientras más avanzaba el olor se volvía más
fuerte.
—Cenicienta
— llamo por segunda vez aquella voz
femenina angelical.
—No es gracioso Mercy —
comento Cenicienta pensado si ese era su nombre, pero luego de pensarlo se dijo
así misma que ese no era el nombre de su amiguita, pero pensando que estaba en
peligro empezó a correr lo más rápido para llegar hasta el final de pasillo y
así salir del castillo.
—Cenicienta
— llamo por tercera vez aquella voz, mientas el
olor se hacía más fuerte aun estando fuera del castillo y se preguntaba si
aquella ratoncita fue atrapada por alguien, pero, ¿por quién? Y porque la estaba llamando.
—Cenicienta
— llamo por cuarta vez aquella voz.
Cenicienta no era buena con
olores y más si lo desconocía, pero aquel olor era muy fuerte, quizás demasiado
fuerte y parecía venir del pueblo, así que Cenicienta decidió salir del
Castillo sin decirle a nadie, quizás eso le traería problemas, pero si era por
su amiga todo valía.
—Cenicienta
— volvió a llamar la voz por quinta vez.
Cenicienta corrió por todo el
pueblo hasta el cansancio hasta llegar al bosque era de donde venía el olor
extraño.
—Cenicienta
— llamo por sexta voz.
Cenicienta se armó de valor para entrar en aquel bosque y sin pensarlo dos
veces entro, quizás la oscuridad del bosque asustaba más incluso siendo del día,
pero todo parecía está tranquilo, por un momento pensó que sería una mala idea está
ahí sola sin protección del castillo, pero debía salva a su amiga.
—Cenicienta
— llamo la voz por séptima vez.
—¿DÓNDE ESTAS? — grito
Cenicienta.
—¿Con quién hablas? — pregunto
la voz de un infante.
Cenicienta intrigada se da
vuelta y ve a un niño de siete años, rubio, ojos azules y vestido con un ramo
de flores de pericones en una mano y en la otra mano parecía tener una bola de
metal quizás no tan pesado para él. Obviamente Cenicienta se extrañó a ver un
niño así en bosque y solo.
— ¿Qué haces aquí niño? —
pregunto la mujer.
—Recolectando flores, mi hermana
y yo solemos hacerlo todo el tiempo —
—¿¡HERMANA!? — Se escandalizo Cenicienta; —ESTE
ES UN BOSQUE MUY PELIGROSO —
—¿Y por qué es peligroso? —
pregunto el niño.
—Porque hay muchos animales
salvajes que te pueden comer —
—¿Y qué? —
—Eso no es nada bueno —
replico Cenicienta alarmada.
—¿Y? — pregunto el niño
nuevamente como si no entendiera lo que Cenicienta le está diciendo, es más
pareciera no impórtale la peligrosidad del bosque, pero de repente el niño dice:
Solo hay un animal peligroso y ese es el ser humano.
Cenicienta quedo perpleja no espera
tal respuesta de un niño y menos de su edad. De repente del fondo de los
arboles emerge una niña idéntica al niño diciendo: Tengo más flores.
—¡Ay esta tu hermana! —
comento Cenicienta despreocupada.
La niña mira a Cenicienta con cierta
incredulidad, pero a la vez emoción, asi que sin pensarlo dos veces la abraza y
le dice: Todo estará bien.
—¿A qué te refieres? —
pregunto Cenicienta.
—Lo sabrás muy pronto —
contesto la niña.
Cenicienta algo extrañada por
el comportamiento de ambos niños se alejó de ellos hasta que tropezó con
alguien y aquella mujer parecía esta echa un manojo de nervios y no quería encarar
a la persona que estaba detrás, pero recordó a los niños que venían hacia ella
y por lo tanto cerro sus ojos y dijo fuertemente: Sea lo que sea házmelo a mí.
— ¿Segura? — pregunto la voz
de un hombre.
—Completamente —
Entonces algo la atravesó y cayó
al piso, mientras una voz le decía: ¡Géminis
Despierta! ¡Géminis Despierta! ¡DESPIERTA!
Seguido de ocho campanada.
[…]
Cenicienta despertó en su cama
sabiendo lo que debía hacer y como lo debía hacer, así que si esperar un minuto
salió de su habitación, ahí todos preocupados se pararon a ver a su princesa,
pero rápidamente Cenicienta junto un poco sus manos, generando una bola de aire
que aparto a todos de su camino. No espero
mucho para salir de ahí, pues sabía que no tenía tiempo su esposo obviamente la
siguió por todo el pasillo hasta llegar a la escalera.
—Cenicienta mi amor — comento
el príncipe.
—Gracias por tu hospitalidad,
pero me tengo que ir — expreso Cencienta tirando una ráfaga de aire que hizo
volar a su esposo varios metros hacia atrás y siendo capturado por varios
sirvientes.
La rubia reanudo su camino por
la escalera, sabía que debía encontrarse con sus compañeras, también sabía que
estaba haciendo varias alteraciones en su historia, pero sin dudas la misión era
más importante que su realidad.
—¡GUARDIAS DETENGALA! —
proclamo el príncipe algo molesto.
Obviamente lo hicieron,
parando a Cenicienta en el momento que todo su plan estaba saliendo a la perfección,
pero se encontró con aquel detalle que la dejo sin escapatoria por un momento,
el príncipe llego y le pregunto: ¿Qué pasa Cenicienta?
La mujer no le responde, solo
busca la forma de escapar de aquel castillo y al ver la ventana sabía lo que debía
hacer, por lo tanto dijo: Solo hago lo que tengo que hacer.
Confundido el príncipe entendió,
pero de un momento a otro Cenicienta salto por la ventana y espero a que
estuviera cerca del piso para hacer un remolino de aire que la pondría fuera de
peligro.
—Ahora sé lo que sintió mi
padre el año pasado —
Cenicienta entro rápido al bosque que estaba
un poco más iluminado que antes, pero sabía que no debía quedarse en el borde,
sino adentrase completamente al bosque y así lo hizo hasta llegar al claro
donde otras dos mujeres la esperaban.
— ¡Vaya que si eres rápida! —
comento una mujer morena de cabellera negra y vestida de blanco.
—Tenemos una misión que
cumplir no debemos perder tiempo — esgrimió Cenicienta.
—Es verdad — proclamo la mujer
de cabellera rubia semi-plateada y vestida igual de blanco.
—Ahora solo nos toca esperar
la hora sagrada — apunto la morena de forma calmada.
—Si se me olvidaba la hora
sagrada — replico Cenicienta un poco desanimada, pues habia cumplido todo antes
de lo prometido, ahora las tres debían esperar
*Notas
del autor*
Al principio quise incluir a
Anastasia como una más del equipo, pero como ella no una princesa Disney, mi
mente se quedó con este capítulo, pero sacare un capítulo más o menos parecido
a este, donde si incluiré a Anastasia como parte del equipo, pero tenga algo encuentra
no será canon.
Saldrá algo más o menos así: Cenicienta-Anastasia/Géminis.

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